La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante y también alivia a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo es mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama, para ser rico sin que lo sepa nadie y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños cuando no se han dormido, y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos ayudan a bien morir.
Pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohada y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna para cuando te ahogues, y dale la llave de la luna a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte y para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas.
Jaime Sabines
Me gusta lo que leí … ¿lo escribiste tú?. La imagen no se ve, pero imagino quedaba perfecta.
¡Aaah! Me disculpo, pues tarde he visto que hasta abajo a la derecha has escrito «Jaime Sabines». Está un tanto separado del párrafo, quizás por eso escapó a mi vista en la primer leída.
Sidd.